La necesidad de mostrar lo que en mi se oculta se desborda como una mariposa que ansía volar hasta lo mas alto del firmamento para poder alcanzar las estrellas que la deslumbran con tanto brillo...

martes, 17 de mayo de 2011

Una Vez Más...

Caminando logrando cumplir esa meta que quedo inconclusa hace ya varios días, hoy, a pesar de aquellas palabras que llegaron a mí como un torpedo seguí a mi corazón, le hice caso a esa vocecita que no dejaba de repetir “dijo que no vendría, mas sin embargo, no que tu no fueras”
Suspire profundamente y tome ese camino, pensando que le diría, que ahora rompería todas mis barreras, si era necesario mostrar que a mí también me dolía su alejamiento, que no la quería fuera de mi vida, ensimismada llegué a aquella desviación para llegar a la avenida principal, supongo que… si, el miedo y mis pensamientos hicieron que me ensimismara tan profundamente para no sentir el peligro en el que me encontraba.


Fue todo tan rápido, el sentir el cañón de esa arma en mi cintura y un par de hombres a mis costados llevándome hacia un lugar un poco menos transitado me alerto, palabras altisonantes, miradas llenas de maldad, fuerza recibida a mi cuerpo, miedo envolviéndome sin pensar en escapatoria.

Sentí la pared a mi espalda y el arrebato de aquel bolso en donde mis pertenencias se encontraban, mis ojos se cerraban y de ellos salían lagrimas queriendo gritar, aquellas manos tocando con brusquedad mi anatomía, una boca llena de ponzoña recorriendo mi cuello. Todo mi ser y la poca esperanza o felicidad se escurrió de mi mundo como agua entre los dedos.

En mi mente pasaban repetidamente esos recuerdos de las veces anteriores, envestidas brutales, fuertes, hirientes lastimando mi entrepierna junto con ese cuerpo inmóvil, del que sólo salían lágrimas a borbotones.

Perdía fuerza, mi cuerpo caía lentamente hacia el piso y mi mirada después de ver que mis identificaciones junto con aquella flor se encontraban tiradas en el piso busque el cielo, aquel que siempre me cubre y hace lo mismo con las personas que amo, mi vista nublada logro distinguir a un par de personas que se acercaban y un golpe en mi mejilla me hizo perder ese punto.

Un grito, ese clamor hizo que el sujeto que se encontraba frente a mi me tomara con mayor fuerza y que el otro correspondiera gritándole que se fueran, que ya habría más y mejor, que tenían dinero.

Se alejaron de mí y yo corrí a los brazos de aquella pequeña mujer o gran ángel que me cubrió con sus brazos acariciando mi cabello lentamente, ¿Sabes lo que es escuchar un disparo que iba para ti rozando tu pierna? Es el ver tu vida pasar en micras de segundo sin tener el mínimo espacio de siquiera poder derramar una lagrima o expresar un lamento.
Aquel acompañante de ese ángel corrió hacia mis pertenencias, tomo una a una y las echo a la bolsa junto con esa flor que jamás llego a su destino, regreso a nosotras y tomo mi hombro con fuerza, con aquella expresión que mi padre a veces me dice que todo está bien, que lo peor ya ha pasado y que ahora no estoy sola.

Cogí mi bolso que adornaba ese regalo de la naturaleza saliendo por un costado, me preguntaron si vivía por ahí simplemente negué con la cabeza, hablé como pude… les dije que nada mas hacia una llamada y mientras buscaba el numero con mi cuerpo temblando caminé hacia aquel lugar y dejé como señal de algo muerto aquella flor, murió mi respeto, mi confianza y mi honradez.

Le marqué a la propietaria, a la mujer que se llevo mis ganas de vivir ayer y… se encontraba apagado, insistí un par de veces y tuve la misma respuesta.

Volví a los brazos de aquella pareja con el alma y cuerpo deshechos, me tomaron de los brazos, hicieron un par de preguntas y sin más… me llevaron a alguna avenida donde le hicieron parada a un taxi y me dejaron ahí.

Los ángeles existen aun en esta tierra, las probabilidades también y yo por poco volvía a caer en ese tan bajo 30% de abuso sexual, no tengo como pagarles lo que hicieron, ni siquiera recuerdo su rostro, sólo… sé que se llevaran mis bendiciones y lo mejor de mí de por vida.

Morí, ahora… solamente soy un cuerpo más que ocupa espacio en este mundo y aunque las lagrimas desean volver a salir y limpiar mi alma, sé que no puedo al menos… no hoy y no en este momento.


| Indefinitely Without Signal |

El aire de esa noche era diferente, se sentía pesado, como si en vez de que ayudase a respirar se posara fuertemente sobre los hombros de Monserrate, la misma interprete de cada uno de sus teatros, pesares, actuaciones. Aquella chica que aun estando tan agobiada en un suspiro profundo y con la música adecuada la hacía recordar que no solamente el dolor habitaba en su interior.
Sus días, como siempre… el transcurso de la misma rutina la hacía caer en una tan asquerosa monotonía que el simple hecho de recordar lo que le esperaba al día siguiente le ocasionaba nauseas.


Ella es ahora nuestra protagonista, la mujer de la cual hablaremos y describiremos uno a uno sus abatimientos o mejor aún, de aquel golpe que recibió sin anestesia.

Como bien dijimos, esa noche el aire taciturno le caía en los hombros, recordando en cada toque del mismo los últimos dos días en su vida, noches sin dormir, alcohol recorriendo su organismo, lagrimas silenciosas reconociendo su voz, apariencia simple pero sin dejar de ser la misma hija, hermana y amiga disponible en cualquier momento dejando de lado su propia estabilidad.

Contemplaba lentamente ese anillo, las ráfagas de memorias no la dejaban concentrarse en otra cosa y sin darse cuenta empezó a hablar sola, balbuceando sin que se le entendiera nada y al mismo tiempo recordando que no podía siquiera gritar en esas 4 paredes que compartía con recelo, simplemente acariciando por primera vez con lagrimas en los ojos a aquella mascota que llegó hace poco para ocupar un lugar que no le correspondía.

Las lagrimas, esas pequeñas gotas de agua con sabor a sal que salían silenciosas, en ningún momento un sólo sollozo salió de su garganta, para ella quizá el mejor desahogo que pudo tener después de ver como aquella mujer que le roba cada uno de sus suspiros le dijo adiós.

Esa imagen se arremolino en su pensamiento, en cámara lenta y sigilosamente revivió una a una cada palabra dicha y escuchada, cada palpitar, cada estremecimiento, cada mirada cruzada donde reconocía aquel rostro que tantas veces tuvo muy cerca de ella.

Cerraba los ojos y esa única voz repetía sin cesar la misma frase, aquella que sin ser esperada llego con un recibimiento especial e ingenuo.

“Sólo pido esta noche, mañana… podrás hacer conmigo lo que quieras. Misericordia, bondad, clemencia o siquiera piedad no la pido, sé que tú tienes tus planes para conmigo, que sabes perfectamente hasta donde llega mi umbral de dolor y si es tu decisión que yo este como me encuentro en este momento tengo en mente que es para poder crecer…”. Le decía entre plegarias a aquel Ser Supremo con el que pocas veces charlaba.

Un cigarro volvió a sus labios, tomando un minúsculo respiro para poder continuar con ese pesar que regresaba de nuevo a ella.

Miro sin poner atención suficiente a aquella ventana donde la torreta de la patrulla hacia su aparición nocturna, buscando salidas, rogando una explicación, queriendo huir de esta realidad que la agobiaba a sobremanera. “el suicidio” una vez más esa estúpida idea llego a su mente y se difumino tan rápidamente gracias a esa promesa que hizo en línea, podría faltar a sus valores o educación pero jamás a su palabra y la había dado hace unas cuantas horas –No vayas a hacer nada que yo no me haría-.

Lentamente fue uniendo cabos, el dolor que experimentaba era entero y le cubría toda el aura que suponía debía tener, no era la primera vez que se sentía sin salida, destrozada por dentro y aparentando por fuera todo lo contrario, los recuerdos golpeaban fuertemente, el imaginarse flotando en un mundo etéreo no le resultaba tan difícil dado el vértigo que empezó a sentir minutos después de la partida de su amor.

“Porque todavía podemos decir una vez mas” era la canción que sus oídos reconocían, ¿Quién iba a decir que por primera vez se encontraría escuchando a “Panda”?.

Miles de preguntas ocupaban y colmaban su mente y solamente una causo estragos… “¿A caso ya no recuerdas como me conociste?, ¿Recuerdas que me sentía usada?, ¿Qué me abandonaron como si fuese un simple mueble que se reemplaza o se olvida a minutos? Que de un día a otro aquel amor que movía mi mundo me dijo –Es Hora De Partir, Sé Que Es Lo Mejor Para Ti- ¿Cuándo coños les he pedido que me den lo mejor para mí?, ¿Quién les dijo que cuando me encuentro desnuda y vulnerable frente a una persona es un signo de –abandóname cuando te plazca-? De casualidad, ¿Cómo es que saben que es lo mejor para cada persona si cada que dicen algo así y dañan aun mas a este corazón hasta yo logro sentir ese dolor tan profundo e intenso?”

Se tocó tranquilamente el rostro, reconociendo la humedad que hace pocos días había sido gracias a las minúsculas gotas de lluvia que caían en el. El desespero y desconsuelo se apodero de su ser, queriendo correr de una manera única en la que ni la respiración agitada pudiese ayudarla para recuperar la fuerza y ganas de vivir que se esfumaron en micras de segundo.
Recibió la estocada final, la misma que menciono la noche anterior a esa partida tan brutal, quizá… así seria todo más fácil, ¿no? Un simple golpe, el ultimo, el más fuerte y del que no se sabe si podrá recuperarse.


No fue decisión de nuestra enrevesada Monserrate, ella simplemente escuchó, asintió, tomó valor y fuerza necesaria para no caer al piso en ese mismo instante y respetó, como casi siempre lo hace ante algo que causa algún conflicto en su interior.


No se hará más, no se puede hacer más, sólo… esperar a que ese respeto que expresé, el amor que profeso insistentemente, las experiencias pasadas y tal vez esa poca fuerza y madurez que aún me quedan logren anestesiar y mitigar el dolor que ahora se siente en el pecho.




*Monserrate* Nombre Que Hubiese Tenido Desde Hace Ya 21 Años.


”Que El Dolor Cuando Es Por Dentro Es Mas Fuerte, No Se Alivia Con Decírselo A La Gente… Lloraré, Sí, Sé Llorar…